Me gusta pensar en la mañana como si fuera un nuevo comienzo; como la oportunidad de volver a empezar de cero, incluso sin importar el resultado del día anterior.
Dicen que antes de amanecer es el
momento más oscuro de la noche. Y como un milagro, llega la luz! Cada día, sin
falta. Sin importar lo oscuro que haya sido el momento justo antes de empezar a
aclarar.
El alma también pasa por sus momentos
de profunda oscuridad, les pasa a todos alguna vez en la vida o varias.
La noche oscura del alma pasa cuando
dejaste de ser la persona que solías ser, sabes que ya no eres como antes; pero
todavía no sabes quién es tu nuevo yo. Esa época en la que te sientes perdido, en soledad y
pareciera que nada de lo que haces tuviera valor.
“Dios mío, Dios mío, por qué me has
abandonado” Dijo Jesús en la cruz.
La noche oscura del alma puede pasar
por una razón de peso o simplemente llegar sin razón aparente.
Es una transición.
Cuando las fuerzas se acaban, cuando
pierdes la fe, cuando llega el momento más oscuro… Siempre llegará la luz.
“Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada”
San Juan de la Cruz
Basta fluir.
Basta confiar.
Al final amanece. La oscuridad siempre se
vuelve luz y todo vuelve a empezar.