Han pasado más de 20 años desde eso; y extrañamente, para mi, que es tan difícil recordar cosas, lo tengo claro en mi mente.
Elegir caminar por la ruta larga, para evitar pagar un bus adicional; atravesando con el corazón en la mano, el camino por el que siempre estaban “ellos”
“Esta si es muy boba” me decía mi amiga cuando corríamos en medio de la lluvia, agarradas de gancho, mientras aquel hombre con su sudadera roja en las rodillas corría detrás de nosotras.
{Tengo que confesar que por muchos años, esta fue una historia de las “graciosas” que contábamos.}
Yo me quedé sintiendo que si; en verdad era muy boba...
Y esto para empezar tarde en la historia y no remover los tenebrosos recuerdos que habitan mi corazón de niña...
Cuando vi la primera publicación que usaba #YoTambien traté de ignorarlo; el tema me revuelve el alma y logra despertar mis peores sentimientos y créanme que eso no es fácil.
Pero el experimento surgió para medir la magnitud del problema, para que los hombres por fin caigan en cuenta.
Y si no lo han hecho, es tan fácil como leer todas las historias imaginando que la que habla es su hija, su hermana, su esposa o su mamá...
Yo también he sentido ganas de vomitar al ver cómo califican el “material” que pasa frente a ustedes. Y también he sido ese “material”
Yo también he preferido usar algo menos escotado, menos pegado, más largo.
Yo también he bajado la mirada cuando siento el murmullo de ese coqueteo asqueroso que me llega a las entrañas.
Yo también he acelerado el paso y también he buscado otra ruta para no pasar donde están “ellos”
Yo también me he bañado por horas, tratando de quitarme de encima los recuerdos.
Yo también he vivido cosas que prefiero no contar y que me hacen hervir la sangre.
Porque hoy, con todos los años que tengo, sigo sintiendo dolor al recordarlas y sigo prefiriendo ahogarme en el dolor de callarlas.
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